sábado, 30 de mayo de 2009

Melancolía Sabatina

La taza de café humeando a mi izquierda, yo mordiendo una crujiente tostada y en mi cabeza repitiendo la misma cancioncita de los Beatles. Sorbo un poco de café, me paro, voy hacia la ventana y enciendo un cigarrillo. Lanzo una bocanada de humo con pereza y me parece tristísimo que no estemos en época de lluvias en estos momentos. Este verano me perdí las lluvias, eso ha dejado cierto decaimiento en mi humor. La lluvia siempre ha tranquilizado mis nervios, pienso que sería feliz en un sitio donde la lluvia sea eterna.

En el escritorio tengo una pila de cosas por leer, trabajos interminables que discuten sobre cuestiones terriblemente aburridas, como la concepción de la naturaleza humana y la necesidad de que el sistema de normas sea concebido como una consecuencia de esa naturaleza. A mí, todo ello me parece muy “macabro” como para ser considerado en serio. Tengo mis razones para lanzar ese adjetivo, pero no tengo ganas de explicarme ahora con fundamentos serios al respecto, así que sólo puedo limitarme a decir que verdaderamente todo ello me aterra y que prefiero quedarme aquí, haciendo nada, con mi torpeza y con mi pereza.

Cuando ingrese a la universidad, ingrese con ideas absurdas e infantiles pero que me parecían terriblemente encantadoras, sostenía las frases de Wilde entre sonrisas o, sencillamente, exaltaba mi individualismo y mi subjetividad edificando fronteras enormes entre yo y el resto del mundo que poco me interesaba.
Sin embargo, a penas puse un pie en ese lugar llamado universidad, fue como si me hubiesen atacado con enormes balas de cañón. Me dieron de bofetadas con ideas inversamente proporcionales a las que tenía, me hablaron de sustancia, substancia, ente, existencia, naturaleza humana, trascendencia, incomunicabilidad, inherencia, dignidad y demás cosas metafísicas y teológicas que desbarataron todas mis absurdas y caricaturescas ideas que no tenían otra cosa que inocencia e ingenuidad. Luego de esto no quise saber más.

Es como explicaba Watanabe en aquél libro de Murakami (Norwegian Wood) “La educación universitaria no tenía ningún sentido. Y decidí tomármelo como un periodo de aprendizaje del tedio. No había nada que me apeteciera hacer o que me instara a dejar los estudios y enfrentarme al mundo”

Por eso mismo yo seguí con la universidad, me absorbí con todo ello y seguí lo que tenía que hacer. Sin embargo, jamás le agarre iniciativa a ninguna cosa importante como hacer prácticas o asistir a algún club, sencillamente solo me adapte al hecho de cumplir con mis deberes y no me ha estado yendo mal. Todo ha ido controlable, con sus altibajos. Fue así hasta hace poco que volví de gringolandia, pero esa es otra historia. La cuestión es que me quede allí y pronto la terminaré. No por voluntad ni por amor al arte, sencillamente porque… ¿qué otra cosa útil puedo hacer yo en este mundo donde soy toda una extraña y donde no me interesa particularmente nada? Así, ha pasado el tiempo.

Me siento bien en este momento, con mi enorme taza de café, mis cigarrillos, mi gato a un costado y con las paredes de mi habitación protegiéndome del mundo externo. Aquí, observando por la ventana con un libro de Murakami, siento que estoy mejor que en cualquier otra parte. Me gusta leer sobre los mundos de aquellos personajes que se parecen tanto a mí. La verdad, los envidio un poco. Ellos, cuando les ataca alguna nausea existencial, se adentran en paseos eternos por callejuelas embrujadas, beben alcohol con suma naturalidad para aplacar sus gargantas agrietadas, hunden su aguda soledad en el sexo como quien se tapa la boca al toser, en fin, el todo que los repele también les sirve de amortiguador. Yo, en cambio, no puedo hacer nada de ello. En mi vida no hay viajes, ni sacos de dormir; las luciérnagas no me acompañan, ni tampoco conservo una total lejanía de los demás. En mi vida hay contradicción e hipocresía, en conclusión, insatisfacción.

Yo, mayormente, me quedo aquí en mi habitación. Cuando salgo, intercambio palabras con la gente y sonrío casi siempre aunque poco me interese el todo seriamente. No puedo dejarme absorber por las calles porque las multitudes me perturban y ni el sexo ni el amor conmueven mis sentidos. Probablemente mi corazón esté cubierto por una coraza que me impide querer a alguien, esta es la razón de que ni siquiera pueda evadirme del todo con trivialidades de esa índole. Pero si admito que a veces me dan unas irrefrenables ganas por beber, por adormecer mi mente y justificar así mi estupidez, aunque en sí, el alcohol no me arregla nada. Casi siempre lo único que hace es resaltar mis deformaciones, pero por alguna razón, en estos momento es preferible que estar sobria.

Hoy, he quedado con alguien para salir a beber algo. Me arrepiento ahora, pienso que quizá sería más sano quedarme, pero no puedo cancelarlo, después de todo, yo propuse la salida y es muy tarde para hacerlo. Tengo miedo de no poder articular bien las palabras ni expresarme como es debido con esta persona, ¿debo poner cara de algo?, ¿debo actuar particularmente como alguien más?, ¿debo mantenerme sonriendo y despreocupada?, no lo sé. Yo solo quiero beber sin perturbarme por algo, solo quiero estar en silencio y escuchar alguna canción típica de los Beatles. En verdad creo que no necesito muchas cosas para sentirme tranquila, ¿Por qué entonces se me hace tan difícil dar un paso afuera?

La verdad he vuelto a confundirme. Hasta hace poco había dado por hecho de que entendía y comprendía todo a cabalidad, pero ahora ya no estoy segura de nada nuevamente. Extraño muchas cosas del pasado, probablemente las extraño por culpa de la soledad, no porque verdaderamente las añore, pero las extraño…y ahora aquí, con la cabeza hecha un lío y con mil cigarrillos en los pulmones, veo mi rostro al espejo, preocupada por seguir siendo empujada a un futuro que yo me niego a concebir.

lunes, 18 de mayo de 2009

Pucheros y Catatonía

Mi garganta explota en la escena más inverosímil del universo. Digo yo inverosímil porque me juzgo como el único punto patético al que pueden pasarle estas cosas.

Pienso ahora en las tripas del sapo de aquella historia que me relato mi tía, con el pobre bicho ese bajo las ruedas de un camión gracias a la crueldad infinita de la curiosidad de los tétricos niños. Pienso en todo lo que no me corresponde pensar. Soy una aspiradora de recuerdos, de vivencias, me las robo todas, todas; yo, un alma coja, victima del ya trillado titulo que conserva el todo: El mundo cruel, el universo imperfecto, los huecos de la existencia y demás etcéteras macabros que hacen de mi estadía en este planeta algo pintoresco.

Yo debí ser Ziggy Stardust o algo así, tarareando la dolorosa canción esa Can you hear me Major Tom, can you hear me major tom?, can you hear me?... ¡es el fin del mundo!
Yo debí ser Rumpeltinski, aprovechándome de la bondad o idiotez (hay una línea muy fina entre la idiotez y la bondad) de alguna estúpida princesa con anhelos de linaje real.
Yo debí ser el cruel Johnny Walker de Murakami (en “Kafka en la Orilla”) que se dedicaba a asesinar a los pobres gatos para dejar manifiesta su perversión.
Yo debí ser…cualquier cosa menos yo, es aburrido ser yo, por eso me divierte poner caras muy distintas y contradictorias a la mayoría de gente con la que me relaciono.

No soy muy madura, nunca lo fui y nunca entendí en qué consiste eso de madurar.
Yo ya pase formalmente la adolescencia, y digo “formalmente” porque aún adolezco de muchas cosas, lo cual me convierte quizá en uno de los seres más torpes de este torpe planeta.
Yo siempre manifiesto y demuestro mi estupidez. Me parece más apropiado anticiparme y gritar que soy estúpida por adelantado antes que el resto se percate.

En definitiva, me quedé atascada en los 17 años. No cruce la barrera que hace a alguien asumir una realidad propia. Todavía le tengo miedo a mis fantasmas, todavía observo idiota , perpleja, y con una impotencia propia de la inutilidad de todo esto, el pasado, como si no me creyera nada de todo lo ocurrido en estos últimos años. Sigo encerrada en una burbuja repleta de subjetividad absoluta, y no puedo procesar nada más, todo el mundo avanza a pasos agigantados, pero yo sigo abrazando mi almohada, mientras el presente me ataca con una enorme patada en los dientes.
Sí, todo esto es mi verdad y explica en muchas cosas mi inestabilidad y mi tontería.

Quizá por eso no me animo a tomar partido por algo, quizá por esto tiendo a ignorar muchas cosas molestas que me obligan a asumir o tomar responsabilidad por algo. Prefiero dar un paso al costado y creer que nada tiene que ver conmigo, prefiero encerrarme en mi habitación y comerme las uñas.

Hoy escribo todo esto mientras me sujeto de mi silla y mordisqueo una galleta. Me cuesta mucho acomodarme, porque ayer rodé por las escaleras y me golpee muy fuerte la espalda.
Es un hecho, cada que salgo doy todo un espectáculo. Me queda bien hacer de payaso y esta vez cumplí con mi papel con una pose estrafalaria motivada por el alcohol, soy un desastre.

En realidad, todo ha ido caricaturescamente mal en estos días, es como si una nube negra me persiguiera por donde voy. Piso cáscaras de banana, soy golpeteada sin querer, cometo errores intelectuales por fallas en mi percepción, pierdo dinero, me orinan los perros. Quizá debería considerar hacerme un baño de florecimiento o algo así, que la doctora Kunti me pase el cuy y cure mi suerte de los espíritus maléficos. Quizá debe ser alguna conspiración astrológica – planetaria, quizá estoy posesa por demonios extraños. Todo es probable.

Ahora, lastimada y más bruta de lo normal, me lamento por todo y por mis fallidas introspecciones que me llevan a concluir sobre nada, me lamento soltando palabras corrosivas y llenas de enfermedad, pero también me lamento conteniendo la risa, porque a pesar de lo lastimoso que puede resultarme el contexto y los últimos acontecimientos, todavía me causa algo de gracia.

domingo, 17 de mayo de 2009

Escorpiones o vacío

Cuando vomito siento que los millones de micro parásitos que se pegotean en mis vísceras - por causa del aire viciado de mis circunstancias-, que se dedican a chuparme todo lo poco que queda en mi, dejan por fin mi cuerpo. Siento algo de paz y de alivio, siento que sólo podré estar en paz con mi existencia cuando la vomite toda, esa es mi conclusión general respecto a cómo sentirme mejor.

Extraño los momentos en que podía tenderme sobre el pasto a mirar las tétricas formas de las nubes, los múltiples y terriblemente tristes colores del cielo, la mofa del universo ante la insignificancia de nuestros corazones.
En definitiva, todo está trivializado, todo es demasiado triste o demasiado falso; y no hay ninguna salida que el acostumbrase a ser parte del juego eterno de ser un idiota e ignorarlo. No veo otra forma.

Unos se alivian con criterios racionalistas, utilitarios. Otros con religiones (unas más complejas que otras), otros con sólo pretender que aquí no pasa nada, porque en definitiva no pasa.
Yo no encuentro como aliviarme…he llegado al punto de ya no conmoverme con nada. Es ésta gran mancha blanca que tengo en el pecho…es algo físico, porque se siente como si se moviera bajo mi piel…es algún tipo de mutación, que me ha hecho deshumanizarme. Es probable que así sea.

Yo era de aquellos que sufren insomnios, que golpetean sus nucas por las noches deseando dormir de cualquier forma. Sin embargo, últimamente, para mi sorpresa, duermo más de lo normal. Mi cuerpo busca el sueño a como dé lugar y cada vez más los ataques de sueño se hacen repetitivos, siento que algún día probablemente no pueda volver a despertar.
Quizá sea más sano para mí, después de todo, mi cuerpo sólo trata de defenderse, y si busca el sueño es porque lo necesita. Estoy atada a la supervivencia sin querer, es gracioso.

Todo lo que menciono, probablemente suene horrendamente dramático. Pero creo que la vida en general es horrendamente dramática. Por eso tendemos a la ficción, a la ilusión, a la fascinación… para olvidarnos de lo frívola y torpe que es nuestra realidad.

La tragedia existencial puede resumirse en pocas palabras, creo…pero es algo que se ha repetido mucho ya. Yo aquí estoy sacudiéndome del frío, pensando en mis nauseas y mis fervores frustrados mientras Bowie canta a todo volumen.

La canción me estremece. Pienso en Nietzsche y en la vez que le creí un poco, pienso que estoy asustada, que sería mejor quedarme en cama, pienso….pienso en todo y en nada a la vez, y la canción continúa con una melodía extrañamente alegre….

“Look out my window what do I see
A crack in the sky and a hand reaching down to me
All the nightmares came today
And it looks as though they’re here to stay (…)
Oh you pretty things
Don’t you know you’re driving your mamas and papas insane?
Let me make it plain, you gotta make way for the homo superior”

Ya no creo en el súper hombre, ya no creo en la evolución. Por el contrario, siento que involuciono de a pocos, que volveré a ser sólo células en algún momento y que no quedará rastro de lo que alguna vez fui. No quedará nada, el mundo no se inmutara siquiera, porque después de todo no hay ninguna gran significancia en todo esto de respirar y levantarse de la cama. Detrás de nuestras acciones y de nuestras pretensiones egoístas, no hay mayor motivo alguno, es sólo que nos obsesionamos tanto con nuestro propio cuento que nos creemos protagonistas del mundo. Pero fuera de eso, ¿todo lo demás realmente importa?, ¿Qué cosa hace importante algo?
Se habla tanto de la dignidad humana, ¿Por qué yo no puedo ver esa dignidad?.

Estoy actuando despectivamente, es cierto…quizá, pero no es mi intención ser despectiva. Es sólo que no le encuentro chiste al contexto, siento que no hay nada útil ni en el pasado ni en el futuro y que el presente es atemorizante.

Viéndolo desde este punto, todo es verdaderamente inútil. Pero no puedo lanzar esta conclusión como una afirmación por ningún motivo; después de todo no estoy segura de nada, y es probable que el resto me de de tomatazos e intente darme una cátedra de cómo es que ellos se han construido motivos moralmente válidos. “Moralmente”! ja… supongo que cada quien tiene derecho a justificarse, no es algo malo, es una consecuencia natural de nuestro instinto de supervivencia. Así que cuando me mencionan de cuestiones trascendentales o absolutos, yo sólo sonrío y me encojo de hombros, no tengo derecho de opinar de lo sombrías que me resultan sus pretensiones, no tengo derecho de intentar persuadirlos de lo contrario, está bien que se sostengan tan fuerte de sus convicciones, es conveniente. A veces envidio no poder hacer lo mismo. Yo estoy tan vacía…

Pienso que ha habido un bache en mi condición humana que no me ha permitido procesar las cosas obvias del planeta que succiona mis pies con esto de la gravedad. Yo siempre he sido “Persona- No pertenencia”, yo siempre he sido “Persona – No parte” yo siempre he sido eso que nunca es o que no se anima a ser, a propósito y por capricho, justificando mi derecho natural a ser una estúpida.

Me regocijo en mi propia autocompasión y aplaudo la bulla del universo que sacude la estática de mi cerebro. Me como las uñas y chupo un cigarrillo tras otro tratando de comprender lo incomprensible, del todo, de él, de mi misma y de ellos.

Tengo el ego herido, tengo el orgullo desinflado, tengo la arrogancia hecha pelota, tengo la pena hecha piedra, tengo….muchas cosas y nada a la vez. En el fondo soy tan simplona!, las cosas en general son más sencillas de lo que parecen, esto es más tétrico aún.

Pero ya no pretendo construirme una nueva coraza y protegerme del todo, por ahora sólo estoy aquí, tratando de fantasear con finales felices en donde la apatía es decapitada, por ahora sólo me repito una y otra vez como Macbeth… “Mi alma está llena de escorpiones!”

Después de todo, es mejor lo de los escorpiones que lo del vacío.